Tuesday, 27 September 2016

3 - Una tarde de compras

Friki y Chechu pillaron el metro para ir hasta el centro. La línea 5 es una mierda, tiene un huevo de paradas, por lo que tardaron bastante y amenizaban el viaje conversando para conocerse.


-¿Qué podrías decirme de mis padres?
-Tu padre fue un gran mago... el mago más importante de Londres...
-¡¡¿Soy medio inglés?!! Que mal rollo... Ahora entiendo por qué tengo esta cara.
-Es tu pasado... la verdad, a veces duele. Pero lo de tu cara es por otra razón. Ahora agradecería que no me interrumpieras, o si no tendrás que enterarte por los aburridos libros de historia.
-Vale, vale, ya me callo.
-Pues resulta que hace mucho tiempo el mundo mágico estaba dominado por un mago la hostia de malo, pero una profecía marcó a tu padre como el único que podría vencerlo y parece ser que lo logró. Ese mago se hacía llamar así mismo Lord Voldemort, un nombre que hasta que tu padre no cumplió con su destino ningún mago en todo el mundo se atrevía a pronunciar. Lo que no sabíamos por aquel entonces es que tenía un aprendiz El-que-ahora-no-debe-ser-nombrado juró que ocuparía el lugar de su maestro y sometería a toda la comunidad mágica...
-¿Y entonces mató a mis padres para vengarse por haber matado a su maestro?
-Tú mucho ser inglés, pero de buenos modales poco, ¿eh? No, cuando apareció de a saber dónde el aprendiz éste tu padre ya había muerto. Tuvo un accidente por pilotar la escoba borracho, por lo visto lo atropelló un boeing... Dejando a tu madre cuidando de ti a ella sola. Hay quien dice que, de hecho, el aprendiz aprovechó la ausencia de tu padre para salir de las sombras.
-¡Oh! ¿Y qué puedes decirme de mi madre?
-Pues que tu padre fue un gilipollas enamorándose de ella, doblemente gilipollas casándose con ella y un completo gilipollas cuando la dejó sola para cuidar de su primogénito.
-¿Tan mala madre era?
-Peor, era la chica más guapa del colegio, cosa extraña para ser una Weasly. Cuando terminó las clases se metió a modelo y ya sabes, en ese mundillo las drogas de diseño están a la orden del día. No tardó mucho en entrar en una espiral de decadencia consumiendo su ser a base de alcohol y drogas, pero para entonces tu padre ya estaba colado por ella y el amor es demasiado ciego para que se diese cuenta de ello.
-Pues si mi madre era tan guapa... ¿por qué he salido yo tan feo?
-Bien, tu madre es cierto que era muy guapa, un pivonazo, pero tu padre era bastante feucho. Aún así fue El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado el que te hizo lo que eres ahora. Aquí también entra en juego una profecía, pronunciada cuando éste apareció que dicta que la historia se debía repetir. El Señor No Muy Clarito, como se también se le conoce, para evitar que acabases con él, al igual que tu padre hizo con Voldemort, fue a matarte... y la yonki de tu madre, en lugar de sacrificarse por ti, como hizo tu abuela en su día, y como habría hecho cualquier madre en su sano juicio,  haciendo que la profecía se cumpliese, te vendió a cambio de un par de gramos de Polvos Mágicos.
-¡¿Qué?! ¿Mi madre me dio la espalda? Ahora lo entiendo, entonces el mago chungo éste, para evitar q me lo cargue, me abandonó en el circo...
-¡Que va! el Mago Chungo como tú le llamas te mató y celebrándolo se hirió a sí mismo, no era el más espabilado de su clase, no. Ahora no sabemos dónde puede estar escondido. Gutiérrez, el mago más sabio de todo el mundo, te resucitó, pero el hechizo Del-Que-No-Debe-Nombrarse te desfiguró la cara, por decirlo de alguna manera.
-Vaya, ¿y cómo se llaman mis padres?
-Harry y Ginny Potter.
-Mi madre... ¿sigue viva?
-No, la estúpida murió porque los Polvos Mágicos que le dieron a cambio de tu vida estaban adulterados, se lo tiene bien merecido. Vaya, ya hemos llegado.


Salieron del metro en Callao y subieron por la Gran Vía un poco para meterse en la Calle de los Libreros. A Friki le pareció una calle normal y corriente, sí, con muchas tiendas de libros, pero no le parecía el sitio indicado para comprar libros mágicos, al menos mágicos de verdad. Se lo comentó a Chechu y éste le dijo que no se preocupara, que las tiendas mágicas estaban ocultas para que los muggles no pudiesen encontrarlas. Llegaron a una esquina de la calle y Chechu le indicó que ya habían llegado. Le explicó a Friki que para ver las tiendas mágicas debía atravesar la pared, pero no podía tener dudas, porque si no no funcionaría. Friki, decidido, cogió carrerilla y se dispuso a seguir las instrucciones de su acompañante.
A los 5 minutos Harry abrió los ojos, mareado, aturdido y con un terrible dolor de cabeza.


-¡Jajajaja! Lo siento tío, no sabes las ganas que tenía de hacérselo a alguien. Espero que no te haya molestado, solo ha sido una broma inocente. Primero había que activar el portal, ¡ábrete Sésamo! -Sí, sí, lo sé, es poco original... pero todo esta historia está llena de de chistes poco originales, así que no os quejéis.


Al decir estas palabras Friki notó como la pared resplandeció por unos segundos, pero al rato volvió a la normalidad... Esta vez sin tanta seguridad el joven mago atravesó el portal, ahora abierto, y apareció al otro lado, en una calle exactamente igual a la que estaba, pero a la vez completamente distinta. Por todos lados había gente vestida con túnicas raras y llevaban montañas de libros. Chechu le explicó que como el curso estaba a punto de empezar mucho magos habían venido a ultimar sus compras y por eso había tanto movimiento.


Estuvieron yendo de un lado a otro, comprando libros para un montón de asignaturas. Chechu tenía razón con eso de estudiar duro. Cuando tuvieron todos los libros le dijo que para ir al colegio necesitaría una túnica y que todo mago que se precie, y que no se precie, necesitaba una varita. Primero fueron a por la varita, la cosa no fue complicada, probó unas cuantas y al final la que mejor se le adaptaba resultó ser una de encina cuyo núcleo estaba hecho con el pelo del culo de un gnomo.


Por último solo faltaba la túnica. Cuando el dependiente vio a Friki tuvo que ir corriendo al baño a vomitar, por lo que la primera túnica que sacó no tenía agujero por el que sacar la cabeza...


-Esta es la última moda! Además, realza el color de sus ojos...
-¡Pero por dios! ¡¡si no se le ven!! no queremos hacer un pase de modelos, preferimos que pueda mirar por donde camina.
-¡Vaya! Un nuevo alumno probándose la Túnica de los Adefesios...-Dijo una voz al lado- Me gustaría ver lo feo que es...
-Ten cuidado con lo que deseas...-Dijo Friki mientras se quitaba la túnica. Su interlocutor dio un respingo cuando lo vio.
-¡Oh! Tú debes ser el famoso Friki Potter, el niño que no sobrevivió, sin duda más patético que tu padre. Espero que no caigas en sus errores.
-¿Y tú eres…?
-Puedes llamarme Nano, Nano Villafranca. Este curso también empiezo en Alpargatas -Mientras hablaba le tendió la mano.
-Pues bien, Nano, preferiría que no hablaras mal de mi padre.-Dijo empujando la mano de Nano.


Se fue medio llorando de la tienda. Chechu, que lo había visto, le pidió al dependiente la túnica más normal -y barata- que tuviese en la tienda que le pudiese venir bien a Potter y se fue a por el chico. Lo encontró en un rincón de la calle sollozando y maldiciendo en voz baja.


-No le hagas caso chiquillo, Los Villafranca son... como los ricos que iban al circo. Solo se siente superior si se mete con las desgracias ajenas. Venga, para animarte te comparé un bichejo.
-¡Wow! Siempre quise un gatito.
-¿No prefieres una lechuza? Son mucho más prácticas, sirven para enviar correos...
-Ya existe internet para eso.
-Putos frikis, se van a cargar las buenas costumbres. ¡Nada! Te compraré una lechuza, que internet no llega a todos lados. Un poco de tradicionalismo no está de más.


Al final ni lechuza ni gato, salieron de la tienda con una urraca negra sólo porque regalaban con ella un pez de colores. Chechu insistió que las urracas también mandaban correos, que los únicos pájaros que no lo hacen son las palomas, pero que la publicidad las ha sobrevalorado siempre mucho. Una vez terminadas las compras le explicó que el tren a Alpargatas salía de Chamartín a las 5 de la tarde del día siguiente, pero que solía ser bastante impuntual, por lo que tampoco debería de estresarse mucho con la hora. Chechu, con su pez de colores, le explicó que aún tenía que hacer un par de cosillas para Gutiérrez, pero que le había reservado una habitación en un hotel cerca de la estación y que podía pasar allí la última noche antes de partir hacia el colegio. Se despidieron con un emotivo abrazo y, antes de irse, el grandullón le dejó media docena de huevos de oro para que no tuviese problemas económicos por lo menos, según las palabras del grandullón, durante un año por huevo.

A los dos días el pez de colores se murió

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