Cualquier vecino del madrileño barrio de Carabanchel es consciente de que perdido en algún lugar entre sus calles se esconde un callejón tan siniestro que ni la luz solar se atreve a entrar. Pocas personas son tan valientes como para aventurarse a entrar en su interior y los que lo hacen ocultan las intenciones más pérfidas que pueda tener un mortal. Un microespacio comandado por prostitutas y drogadictos del más bajo standing y donde los más nefastos aromas se mezclan en el aire con un ambiente cargado de depravación en descomposición. Los habitantes del barrio si demasiados aspavientos lo conocen por el nombre de El Callejón que da Yuyu.
Los más osados que vayan más allá de la orgía de drogas, inmoralidad y libertinaje que afloran en los primeros metros y llegarán a la más morbosa atracción que encierran los imaginarios muros de la Villa: El Monstruoso Circo de las Monstruosas Barbaridades -relampago acojonador-. El circo siempre ha sido muy popular entre millonarios excéntricos que disfrutan gastando su dinero en deleitarse con las desgracias ajenas, pero desde hace 10 años una nueva atracción, tan vomitiva como lucrativa, ha hecho que el circo esté en su máximo explendor: Friki Potter, el niño mutante de San Ildefonso -crucemos los dedos para que los autores de Cálico Electrónico no lean este relato nunca, jamás-.
Encerrado en una jaula de poco más de dos por dos metros se encuentra el ser más abominable creado por la naturaleza. Su cuerpo hinchado y espongiforme recuerdan a las criaturas eyaculadas por la febril y cargada de opiáceos imaginación de un escritor de finales del siglo XIX y su cara deforme de nariz chata rematan su fealdad hasta tal punto que los padres la utilizan para asustar a los niños que no se terminan sus judías verdes.
Una noche, después de su mal llamada actuación, descubrió entre sus excrementos un sobre escrito a mano, con una caligrafía muy bonita y una tinta aún húmeda, en el que decía:
Para Friki Potter.
Jaula del Monstruoso Circo de Las Monstruosas Barbaridades.
Carabanchel.
Friki en la vida había recibido una carta, lo que era de esperar pues no conocía a nadie fuera del circo, así que no pudo contener la ilusión y la abrió tan rápido como le permitieron sus temblorosas manos llenas de cicatrices.
Estimado Friki, es para nosotros un placer anunciarle que ha sido seleccionado para ingresar en el instituto Xavier para Jóvenes Talentos
Estaba emocionado, nunca en la vida lo habían seleccionado para nada, ¡y eso que llevaba gastados más de 500 euros en mensajitos chorra con el móvil pa ver si le tocaba una PlayStation 4! Así que llamó al señor Ruffini, dueño del circo, con la intención de pedirle permiso para ir.
-¡Ni hablar! ¡No, no no y rotundamente no! Además, ¿para qué quieres ir al instituto? los demás niños se reirán de ti...
-¡Pero si aquí también se ríen de mí!
-¡Exacto! Para que veas lo cruel que es la gente. Ademá, ¡yo me hago rico gracias a ello! No pretenderás que deje que salgas por ahí para que la gente te insulte gratuitamente...
-No, señor.
-Además, aquí te damos todo el cariño que antes de conocerme se te había negado. Ahí fuera a nadie le importas una mierda. Nos romperías el corazón si te marcharas.
-Es cierto, soy un egoísta... me quedaré en el circo contigo señor Ruffini.
Al día siguiente Friki aún sentía interés por asistir al instituto del tal Xavier, pero pensó que Ruffini tenía razón y que era estúpido pensar que podía crecer como un niño normal, así que desechó esas ideas, con un gesto de su enorme cabeza.
Esa noche vino al circo una persona a la que Friki no había visto. Tenía una porte de chulo de playa que no solían tener los ricos estirados con los que estaba acostumbrado a tratar. Vestía con una camiseta que le marcaba los pectorales y unas oscuras gafas de sol escondían, junto a sus ojos, sus verdaderas intenciones. Esperó a que todos los visitantes se fueran y cuando ya no quedaba nadie más se acercó a la jaula de Friki.
Esa noche vino al circo una persona a la que Friki no había visto. Tenía una porte de chulo de playa que no solían tener los ricos estirados con los que estaba acostumbrado a tratar. Vestía con una camiseta que le marcaba los pectorales y unas oscuras gafas de sol escondían, junto a sus ojos, sus verdaderas intenciones. Esperó a que todos los visitantes se fueran y cuando ya no quedaba nadie más se acercó a la jaula de Friki.
-Así que tú eres Friki Potter...
-¿Le conozco, señor?
-No, todavía no. Me llamo Scott Summers, vengo en representación del Instituto Xavier. ¿No recibiste la carta?
-Sí, pero no creo que pueda ir, la gente normal me trata con desprecio solo por ser diferente...
-¡Oh! Eso no será problema en el Instituto, allí todos somos diferentes, mira.
El chuleta levantó un poco sus gafas y un haz de luz escarlata cruzó la habitación y desintegró al mono de tres cabezas que estaba en la jaula de al lado.
-¡Wow! ¡Como mola! Pero tu diferencia es to’ cañera... yo en cambio sólo soy asquerosamente feo.
-Lo sé, pero bueno, siempre ha habido clases. Aún así no te insultarán, te lo prometo. Hay gente más fea que tú. De hecho hay un tal Logan...
-¡Putos mutantes! -Le cortó una profunda voz- ¿Tenéis que aparecer en todos lados? ¿No habéis ganado pasta suficiente con ese bodrio de pelis como para retiraros a un paraíso tropical y dejar de dar por culo?
Antes de que Summers pudiese reaccionar un garrote bastante pesado aparcó sobre su blanda cabeza. Friki estaba acojonado, acababan de cargarse a un tío en su presencia y de una manera bastante brutal, podría decirse. El dueño del garrote era un tipo grande y pelirrojo, desencajó la rudimentaria arma de la cabeza del guaperas y el joven Potter, que se creía un mutante y a la mole pelirroja la tenía por cazador de mutantes, se puso en el extremo más alejado de la jaula, aunque era consciente que eso era una muy estúpida forma de intentar poner su vida a salvo.
-Tranquilo, no tengas miedo... no quiero hacerte daño.
-Pero... has dicho que odias a los mutantes.
-¡Es que son unos tocapelotas! Se meten donde no los llaman... tú no eres un mutante.
-¿No?- Preguntó echando una mirada hacia el pequeño cartel descriptivo de su jaula donde se leía perfectamente la palabra "mutante"
-No hagas caso a eso, es puro márketing... tú no eres un mutante, tú eres un mago.
-¿Un mago? ¿Como Gandalf?
-No, bastante más feo, pero mago al fin y al cabo... ¿pero dónde están mis modales? Me llamo Chechu, vengo a llevarte al Colegio de Magia, Hechicería y Otros Truquitos Alpargatas.
-¿Allí los niños no se reirán de mí? El tío ese me ha dicho q en el Xavier...
-¡Claro que se reirán de ti! ¿te has mirado en un espejo? pero te enseñaremos a defenderte con magia de esos insultos.
-Me gusta la idea -Dijo el niño emocionado- Pero Ruffini...
-¡Que se joda ese chiflado! Es tu deber ser un gran mago, como lo fue tu padre...
-¿Conociste a mi padre?
-Claro, todo el mundo en la comunidad mágica lo conoció
-¿Y a mi madre?
-Esto... sí, también, también... pero basta de preguntas. Apártate voya abrir la puerta.
El chico obedeció y Chechu le dio un buen mamporrazo con el garrote a la jaula que hizo que reventaran las bisagras. Cogió a Potter y se dispuso a salir, pero Ruffini se interpuso en su camino.
-¡Alto! No pienso dejarte llevar a mi gallina de los huevos de oro.
-No, la gallina sigue en su jaula, solo quiero al chico feo.
-¡Ah! ¡Haber empezado por ahí! Puedes llevartelo, total, ya se estaba pasando de moda.
-Sin problemas, pero te lo devolveré cuando empiece el verano.
-¡Perfecto! Podré utilizarlo como publicidad. ¡Si la gente deja de verlo vendrán en manadas a por él cuando reaparezca! Buena suerte chico, espero que en ese colegio encuentres lo que buscas.
-Gracias señor Ruffini, te echaré de menos, a ti, a la mujer barbuda, al niño murciélago y al bebé con cara de adulto (no le dejes fumar mucho crack, frenarás su crecimiento) ¡oh! y dale un beso a la niña babosa de mi parte!
-¿Y que me pringue la cara?¡Ni lo sueñes! Buena suerte en tu viaje friki, esperaremos ansiosos tu vuelta.
Y Friki marchó con el grandullón pelirrojo. Le agradaba la idea de conocer el mundo al que pertenecieron sus padres. Si son tan famosos como aseguraba Chechu seguro que podrá comprender más acerca de si mismo aprendiendo cosas sobre de su pasado... ¡y quizá eso de la magia no estaba tan mal!
-Bueno Friki, que sepas que el colegio no es todo diversión, tendrás que estudiar mucho para ser un gran mago y cumplir con tu destino...
-¿Mi destino? ¿Qué destino?
-¿Destino? no he dicho nada de destino, no me líes, anda. Tendremos que comprar libros...
-No tengo dinero...
-Tranquilo, eso no será problema.
-¿Mis padres me han dejado una herencia millonaria en algún banco mágico?
-¿Herencia millonaria?¿Tus padres? Jajajajajaja deberias de leer menos cuentos ñoños... no, lo decía porque le he robado la gallina a ese tonto de Ruffini.
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