Era una noche oscura, la luna nueva permitía deleitarse con un cielo poblado de estrellas... si esta historia no sucediese en Madrid, donde la contaminación y la luz eléctrica dejaban ver poco más que un par de puntos brillantes en el cielo. En una calle de una zona rica de la ciudad aparece un hombre de larga melena cuya cara reflejaba la sabiduría recogida tras muchos años de leer blogs en internet, pero esta noche algo más que conocimiento emanaba su rostro, una marca de preocupación cubría su tez.
En otros tiempos, aquello para lo que había venido a hacer hubiera necesitado intimidad, por lo que apagaría las farolas de la calle -probablemente a patadas- para alejar los ojos curiosos de su figura, pero estamos en el siglo XXI y la gente está demasiado entretenida viendo Sálvame como para asomarse por las ventanas y arriesgarse a ser testigos de algún crimen, con la de problemas que ello traía, por lo que el hombre sabio prefirió trabajar con luz, mucho más cómodo, dónde va a parar.
El personaje parecía bastante mayor, podría decirse que era un anciano. Vestía una túnica gris, que si bien no es importante para lo que voy a contar, un poco de paja nunca viene mal para así rellenar huecos incómodos. De uno de sus bolsillos extrajo una piedrecita marrón, bastante plástica, y de otro se sacó un librillo de papel y un cigarrillo rubio. Lióse un canuto por medio de artes mágicas y encendióselo con un golpe de varita -porque si lleva túnica era de esperar que tuviese varita- y se sentó a fumárselo, mientras miraba su reloj-calculadora casio en su mano izquierda.
Apenas había empezado cuando otra figura apareció en las proximidades, era grande, era robusto y una larga y rizada melena pelirroja le caía por los hombros. Se hacía llamar Chechu. En sus brazos portaba un pequeño moisés.
-Señor Gutiérrez, he llegado tan pronto como he podido.
-No te preocupes Chechu. ¿Lo has traído?
-Sí señor, pero... ha habido un pequeño error de cálculo. Su madre no se sacrificó.
-¡¡¿¿Qué??!!
-Pues eso... cuando El-que-no-debe-ser-nombrado-esta-vez amenazó al niño, la madre se lo dio...
-Puta alcohólica... sabía que no podíamos confiar el destino de la magia en sus manos... ¿Entonces Volderron sigue por ahí pululando?
-¡Oh! No señor... tras lograr su objetivo y embriagado por el éxito se le disparó la varita, con tan mala suerte de que rebotó en un espejo de la casa y se convirtió en pipi de gato. Cuando llegué pasé la fregona y lo tiré por el water...
-¡Insensato! Debiste habérmelo traído. El Señor No Muy Clarito es muy poderoso e incluso en ese estado puede ser peligroso si consigue influenciar a magos inútiles, que cada vez hay más... Deberíamos ser más estrictos con ésto de a quién le dejamos entrar en la escuela... Ahora estará por a saber qué rincón de las cloacas esperando el momento oportuno para recuperar su poder. Necesitamos al niño.
-Pero...
El grandullón le mostró el moisés al mago. En su interior se encontraban los restos aplastados de un niño recién nacido.
-Mierda, -dijo fastidiado,- tuvo que usar el Aplasta Kedabra...
Al decir éstas palabras un rayo salió de su varita y pasó rozando a Chechu aterrizando en un gato que tuvo la mala suerte de pasar por ahí.
-Joder, creo que me he cargado a McGonagall... ya le decía yo que lo del gato negro no le iba a traer nada bueno... da igual, total, era bastante estirada, tampoco es una gran pérdida, bueno, al tajo. Mi maestro me enseñó, en su lecho de muerte, un hechizo que resucita a los muertos... son artes muy antiguas y muy peligrosas que no se deben usar a la ligera. Él quiso que lo usara para despertarlo después de muerto...
-¡Guay! No sabía que su maestro hubiera resucitado.
-No, si no lo hizo.
-Pero... creía que le había pedido en su lecho de muerte que...
-Ya, pero no lo pidió por favor, ¡y que un mago se olvide de las palabras mágicas deja mucho que desear! Pues eso, resucitaré al niño éste para ver si la segunda parte de la profecía al menos se cumple... aunque el hechizo es un poco cutre, las cicatrices post mortem seguirán existiendo.
-¿Entonces se quedará plano como una hoja de papel? Su padre sólo tenía una pequeña cicatriz y ya le martirizaban por ello.
-Bueno, eso le forjará el carácter. Aún así podemos hincharlo mágicamente. Seguirá siendo más feo que Picio, pero al menos no jugarán al frisbee con él.
-Lo que tú digas, jefe. Tú eres el experto.
-¡Ah! Mi buen amigo Chechu, estamos siendo testigos partícipes de la historia. Este niño tiene el destino marcado desde el momento en que nació. Todos lo conocerán como Friki Potter, el niño que no sobrevivió.
Después de una larga noche intentando arreglar el estropicio que hizo Volderron con la cara del niño lo llevaron al lugar más seguro que conocían para un ser de sus características, el mundo muggle. El único pariente conocido era la prima segunda de su madre, que vivía en esa misma calle. Por lo que dejaron el moisés en la puerta y se fueron corriendo tras tocar el timbre con la ayuda de las habilidades que aprendió Gutiérrez de adolescente. La tipa era una mujer soltera de cincuenta y tantos años, ya menopáusica, que al ver el moisés lloró de alegría ante la idea de tener un hijo al que criar. Cogió la nota que dejó Gutiérrez donde explicaba su parentesco y las dificultades maternas para criarlo -alcohol y drogas principalmente- y lo aceptó, pero al destapar al niño y verle la cara un grito de pánico fue lo más cariñoso que pudo articular. La tía -por llamarlo de algún modo- de Friki decidió abandonarlo en una iglesia. El párroco, debido a las dificultades económicas que estaba sufriendo la religión en estos días de crisis espiritual, se lo vendió a un circo clandestino de Carabanchel por un buen precio.
En ese circo Friki creció, como animal de feria, durante 10 largos y entretenidos años.
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