Tras la misteriosa despedida de Gutiérrez, Friki fue al comedor a reunirse con sus amigos. Les contó lo hablado durante la reunión. Cuando terminaron de comer, y antes de su clase de por la tarde, se fueron al servicio del sótano a mostrarles los obsequios que pertenecieron a su padre.
-¡Guau! ¡Como mola! Podríamos meternos a espiar en el baño de las chicas... Me encantaría ver a Helena en un entorno más íntimo.
-No seas cerdo, Andrés.- Le reprochó Willow.
-¿Qué quieres? Nunca he sido demasiado guapo. Las chicas no se fijan en mí. Por eso me junté con éste, a su lado hasta Mike Jagger parece guapo. Además, tú lo que estás es celosa.
La bruja puso los ojos en blanco.
-Debes usarlos con responsabilidad. Si Gutiérrez pensase que vas a hacer trastadas con ellos no te las hubiese dado aún. Te pueden ser muy útiles para prevenir futuros ataques.
-Sí,creo que tienes razón. Vayamos a clase.
Cuando fue a decir las palabras mágicas para que el mapa se desdibujase algo llamó su atención. De la zona prohibida estaban saliendo unas huellas. Debajo de éstas podía leerse el cartel de Flautulencio Malfoy.
-¿Qué habrá detrás de esa puerta? Tengo curiosidad.
-Nada que nos incumba. Seguro. Vámonos a clase.
Su siguiente clase era Juegos de Cartas y Otros Trucos de Salón. El profesor, un tal Perseo, era un tipo jovial, célebre por su buen humor. Llegó a clase con una chistera y vestido de frac. Se presentó a todos sacando un pañuelo sin fin de su bolsillo en el que estaba escrito su nombre. El cual hizo desaparecer en un abrir y cerrar de ojos introduciéndolo en su mano cerrada. Como ya era costumbre, gastó un par de bromas ingeniosas sobre la cara de Friki. A nuestro protagonista todo eso le empezaba a cansar, por lo que deseaba terminar de conocer a gente.
-Esto de los trucos de salón es tan antiguo como el hombre. Es la profesión preferida para magos que quieren impresionar a los muggles. Éstos se creen que son ilusiones, meros trucos sin magia. Pero la gran mayoría somos magos de verdad: Houdini o David Copperfield son sólo dos ejemplos de personas ilustres para la comunidad mágica. Para la clase de hoy os voy a enseñar el clásico truco del serrucho.
Chasqueó los dedos y apareció sobre la mesa una caja alargada, que a muchos recordó un féretro, y un serrucho en la mano del profesor.
-¿Algún voluntario?
Los niños estaban acojonados.
-Venga, necesito que alguien quiera hacer de víctima...Está bien, sacaré un nombre al azar de mi chistera. A ver... ¡Brunelesky!
El mago nombrado se acercó a la mesa y se tumbó en el interior de la caja, ocupando todo su largo. Le pidió al profesor que tuviera cuidado, que tenía un par de elfos bajo su cargo y que la hembra estaba demasiado buena como para privarla de su compañía. El profesor le dijo que no se preocupara, que el truco sale bien nueve de cada diez veces y que la décima solía ser por culpa de la mala costumbre que tienen los magos de ponerse ciegos antes de sus actuaciones.
-Bien, ahora voy a cortar la caja en tres trozos iguales. Pero, como podéis observar en el libro, en realidad no la cortaré. Desmaterializaré el serrucho cuando éste esté dentro de la caja. Después, cuando llegue el momento de separar las partes del cuerpo, lo haré creando pequeños e imperceptibles portales uno cerca de otro que harán el efecto de separación, pero realmente estará todo junto. Os recuerdo que en esta asignatura solo aprenderemos los trucos que hay detrás de los efectos, pero la técnica para realizar los hechizos que componen esos trucos la aprendereis o bien por vuestra cuenta, si sois unos magos aplicados, o bien a medida que avancéis con la profesora García. Al tajo.
Metió el serrucho por una de las rendijas de las que había en la caja, a un tercio de la cabeza de Brunelesky aproximadamente y mientras lo hacía iba diciendo que ese era el momento de desmaterializar el serrucho. Dijo las palabras mágicas en alto, pero sólo para que las escucharan pues normalmente se haría en silencio o muy por lo bajo para no atentar contra las leyes mágicas de dara conocer hechizos a personas no mágicas, por lo que pueda pasar. Una vez dichas las palabras mágicas simuló que serraba al mago de la caja.
Un ensordecedor grito de dolor escapó de la garganta de Brunelesky. La clase empezó a teñirse de carmesí debido al torrente de sangre que emanaba de la caja en la que estaba el mago. El profesor le había cortado en dos a la altura del pecho.
-Bueno...- Dijo Pherseo.- A veces algo puede fallar. Es la putada de no estar viendo el serrucho para asegurarse que desaparece. Tendré que llamar a Chechu para que limpie todo este estropicio. De todas formas no me miréis así, tampoco es para tanto. Ese mago era un poco capullo, las cosas como son. Había coincidido con él por los pasillos y no hacía más que cantar canciones estúpidas y disfrazarse de viejo, un tipo muy raro, sin duda. Os prometo que la semana que viene os enseñaré algo menos peligroso. Venga, si no me tenéis en cuenta el incidente os dejo el resto de clase libre.
-¡Bieeeeen!-Gritaron todos al unísono, olvidándose por completo del mago cantarín. Mientras, Pherseo buscó entre las pertenencias de Brunelesky para ver si conseguía el teléfono de la elfa esa de la que hablaba.
Friki, que seguía ilusionado con su mapa y con su capa, se tiró en su cama después de cenar echando un vistazo para ver quien deambulaba por los pasillos. Pudo ver que la gran parte de las huellas que revoloteaban por aquí y por allá las otras veces que había mirado el mapa, ahora estaban agrupadas en cuatro puntos del castillo: las cuatro torres de las casas. Gutiérrez se encontraba en su despacho, trabajando hasta tarde -o eso pensó Friki-. Pudo ver a García en la cabaña de Chechu, cosa que le sorprendió, pero se alegró por su amigo. Perseo y Seiyu, junto con un par de personas que no conocía, se encontraban en el dormitorio de los profesores. Myrtle no aparecía por ningún lado, así que Friki supuso que los fantasmas no debían salir en el mapa. En cambio Flautulencio sí que salía, pero no en el dormitorio de los profesores ni en su despacho. Estaba en la zona prohibida. Dudó por un instante, pero no pudo evitar la curiosidad. Cogió su capa y se dirigió a ver qué pasaba.
Llegó hasta la puerta por donde vio salir a Chechu. Normalmente estaba cerrada, pero ahora se encontraba entreabierta. La cruzó lo más en silencio que pudo. Al otro lado estaba oscuro, tan oscuro que apenas podía ver a un metro de distancia. Dio unos pasos y lo que encontró le obligó a retroceder presa del pánico. Durante el tiempo que tardó en reaccionar no pudo evitar escuchar unos rebuznos que intentaban imitar el canto de un ser humano. No supo qué clase de monstruo producía semejante ofensa a sus deformes oídos. Pero lo peor no era el sonido desagradable, ni siquiera los acordes insustanciales... lo peor era la letra. Una letra tan estúpida como superficial en la que un tío hablaba de las ganas que tenía de follarse a la chica de la habitación de al lado.
Cuando se puso a salvo de los berridos volvió a mirar el mapa. Malfoy estaba unas salas más adelante, pero antes de llegar a la última retrocedió. Friki no podía imaginar que clase de atrocidades habría después de los nefastos sonidos que escuchó, pero a Malfoy parecía que no le afectaban, al menos no durante las tres primeras instancias que podía atravesar sin problema alguno. Pero la intuición de Friki le decía que lo que le hizo retroceder había sido también algo atroz, que los horrores de la Zona Prohibida iban en aumento con cada sala. Estaba seguro de que Malfoy no escondía buenas intenciones, pero deseó no tener que entrar de nuevo para escuchar aquel sonido infernal.
En el mapa vio que alguien se acercaba, un tal Demetrio Guzmán, al que Friki no conocía. Iba a cruzarse con Malfoy cuando éste saliese, así que esperó a ver si el misterioso individuo le pillaba con las manos en la masa. Por desgracia el desconocido no llegó antes que Flau, por lo que no le vio salir de la zona prohibida, pero sí que se lo encontró ya fuera.
-Vaya Malfoy. ¿Qué hace levantado a éstas horas?
-Nada que le incumba, profesor. Yo podría preguntarle lo mismo.-Parecía que el profesor de pociones se mostraba un tanto reacio con su interlocutor.
-Tenía problemas para dormir y salí a dar un paseo. Escuché ruidos y vine a ver qué pasaba.
-Pues no pasa nada, como puede usted observar. Puede seguir con su paseo nocturno.
-¿Sabe qué puede ser lo que se haya tras esa puerta? Me parece que hay mucho misterio en torno a ello.
-No, no sé que hay.-Mintió.-Pero es algo que no nos compete ni a usted ni a mí. Ahora, si me disculpa, tengo cosas que hacer en mi despacho.-Su voz sonaba frustrada.
Cuando los dos se fueron Friki volvió a su Casa, despertó a Andrés y le contó lo sucedido.
-Parecía enfadado. Seguro que era por no haber conseguido hacer lo que fuera que estuviera tramando ahí dentro.
-Es un profesor de esta escuela. No puedes desconfiar de él sin pruebas.
-¿Y por qué mintió a ese profesor? Si ese tal Guzmán no sabía lo que hay dentro es porque los profesores no lo saben.
-A lo mejor Gutiérrez confía más en Malfoy que en el otro. Creo que es su primer año aquí así que no sería nada raro. Eso explicaría que él no pudiera entrar y Malfoy sí.
-No sé, a mí me parece raro. Ese tío me da mala espina.
-Eso lo dices porque soltó toda clase de barbaries sobre tu cara, pero estaba bajo los efectos de un suero de la verdad hecho por mí. Perdón por haberlo hecho tan efectivo.
-No es sólo eso, ya antes de tomar la poción estaba siendo un capullo.
-Bueno sí, un poco capullo sí que es, no lo niego. Pero no puedes sospechar de él sólo porque sea un capullo.
-Yo creo que la fórmula del Elixir está detrás de esa puerta. Seguramente el sonido estridente es un sistema de seguridad para no alcanzarlo.
-Estás flipando. Y si fuera así, ¿para qué iba a querer el profesor Malfoy esa fórmula?
-Es un profesor de pociones, seguro que quiere superar a Salazar. Cuando le pregunté por él pareció que sentía desprecio por el Químico.
-Te estás rallando demasiado. Será mejor que durmamos.
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